David Millana, persona afectada por un trastorno psicótico

«Tener un episodio psicótico me ha servido para encauzar mi vida y ahora me siento mejor que antes»

SOM Salud Mental 360
Redacción
SOM Salud Mental 360
David Millana

¿Cómo y cuándo fue el primer episodio psicótico que tuviste?

«Tuve el brote en mayo de 2019, y la verdad es que no te das cuenta de cómo has llegado hasta ahí. Si lo pienso ahora, veo que yo estaba muy inestable en mi vida, y esto, con el consumo de cannabis, fue lo que desencadenó el brote. También creo que mi personalidad ha influenciado mucho, porque soy muy introvertido, me lo he callado siempre todo y, aunque ahora ya no tanto, soy un poco obsesivo. Cuando se me metía una cosa en la cabeza, hasta que no la tenía no paraba, y esto me llevaba a pensar mucho y a entrar en bucle. Yo fumaba porros cada día, pero no era consciente en absoluto de que el consumo de cannabis me pudiera afectar hasta ese grado, en ningún momento te explican realmente las consecuencias que puede tener».

¿Cómo viviste ese primer brote? ¿Qué sentías, qué percibías?

«Tu cabeza pierde el sentido, pero en ningún momento te das cuenta, te va pasando poco a poco. En un principio enlazaba cosas sin sentido: “Esto me ha pasado porque el otro día me pasó aquello” o “Este me dice esto porque sabe lo que me pasó el otro día…”. Incluso veía señales, acciones o conversaciones que simplemente eran coincidencias, pero que reinterpretaba. Tu mismo te generas unas historias que no son reales. Pero una semana antes de mi ingreso, fue cuando empecé a escuchar voces con diferentes tonos en relación a personas que pasaban cerca de mi, insultos por la calle, pensaba que me perseguían, que me vigilaban por el móvil. Un día en casa vi unas luces azules de la policía, que pensaba que me estaban vigilando. Y ese día me fui a casa de mis padres y les expliqué algunas cosas, entre ellas, que consumía cannabis. Ellos pensaron en un principio que yo estaba mal por eso, porque fumaba porros… Me quedé allí toda una semana, tenía la sensación de que me vigilaban, dormía con mi madre y solo salía a pasear con ella. Si iba por la calle, y pasaba un coche con los cristales tintados, por ejemplo, pensaba que era el jefe de la mafia que me estaba vigilando, o cualquier suceso pensaba que tenía relación conmigo o con alguien de mi entorno. ¡Lo pasas fatal! ¡Es como si fueras el protagonista de una película de miedo! Los tres últimos días ya no podía ni dormir de la tensión que tenía».

Y entonces, ¿qué pasó? ¿Cómo llegaste a la hospitalización?

«Yo iba a una psicóloga, porque estaba muy inestable en mi vida personal. Mis padres me vieron muy mal y me llevaron a verla. Y fue ella quien me derivó al Parc Sanitari de Sant Joan de Déu, en Sant Boi de Llobregat. Cuando llegamos allí me ingresaron directamente en la unidad de agudos, pues tenía un brote bastante grave. Una vez ingresado, no recuerdo nada de la primera semana, solo recuerdo entrar en urgencias. No sé si mi mente lo ha borrado o fue por la medicación… Una vez pasada esta semana, me di cuenta de lo que había pasado, y el primer trabajo fue tomar conciencia y aceptar y reconocer cómo había llegado hasta ahí».

¿Cómo fue el tratamiento y la recuperación?

«Estuve hospitalizado en la unidad de agudos un mes y medio, muy por encima de la media en estos casos, y luego pasé a hospitalización parcial. Fui mejorando poco a poco, gracias sobre todo a la medicación, pero también con un trabajo individual importante. Al principio tuve mucha ansiedad y me costó mucho perdonarme a mi mismo. El estado en el que me encontraba hacía que no pudiera expresar las emociones, quería reír y no podía.

Me ayudó también mucho el Servicio de Atención Espiritual y Religiosa (SAER) de San Juan de Dios, pues tuve conversaciones muy profundas sobre la vida, trabajé mi estado emocional y también me ayudó a expresar los sentimientos.

Cuando salí del ingreso, fui a casa de mis padres. Entonces aún oía conversaciones que hablaban de mi, estaba muy interpretativo con todo lo que se decía a mi alrededor, no estaba aún estable. Pero al día siguiente volvía a salir, e iba superando estos retos poco a poco, sabiendo que lo que percibía no era real. No es un proceso fácil ni rápido. Y ahora aún sigo con el tratamiento y la medicación, aunque con una dosis muy baja».

¡Lo pasas fatal! ¡Es como si fueras el protagonista de una película de miedo! Los tres últimos días ya no podía ni dormir de la tensión que tenía».

¿Ha supuesto algún problema para ti tomarte la medicación?

«La verdad es que a mi no me ha costado tomar la medicación y no he tenido muchos problemas ni efectos secundarios. Al principio, notaba mucha tensión, y me dolía la mandíbula… Bueno, y también me provocó sobrepeso, pero supongo que también tuvo que ver con el cambio de hábitos. Entiendo que en algunos casos esto puede afectar mucho, sobretodo en las personas adolescentes, pero en mi caso no ha sido tan problemático».

¿Qué papel ha jugado la familia en todo este proceso?

«La familia ha sido muy importante. Siempre hemos sido una familia muy unida, y en esta situación más todavía. Me han cuidado mucho y su apoyo me ha ayudado a recuperarme mejor. De hecho, fueron ellos los que vieron un cambio en mi conducta y los que me llevaron a la psicóloga. Ellos también han tenido que hacer un trabajo en este proceso para aceptarlo todo, para entender».

Hiciste un trabajo de voluntariado justo cuando saliste de la hospitalización. ¿Cómo te benefició en tu vida personal?

«Pues a través del SAER me facilitaron hacer un voluntariado con personas con pocos recursos. Porque justo después de la hospitalización parcial aún no estaba preparado para la vida laboral, pero necesitaba hacer algo. Iba tres veces por semana y me ayudó muchísimo a relacionarme, coger el transporte público, abrirme a gente desconocida… Y es que al principio me costaba muchísimo encontrar las palabras para hablar, seguir el hilo de una conversación y relacionarme con la gente. Y eso hizo que me encerrara en mi mismo. El voluntariado fue una gran oportunidad para ir superando estos retos día a día. Hasta que llegó la pandemia y tuve que dejarlo».

Me ayudó también mucho el Servicio de Atención Espiritual y Religiosa (SAER) de San Juan de Dios, pues tuve conversaciones muy profundas sobre la vida, trabajé mi estado emocional y también me ayudó a expresar los sentimientos.

¿Cómo te afectó la COVID-19 en este trayecto y en tu estado de salud mental?

«Estuve con mi madre en casa, ya que mi padre se instaló en casa de mis abuelos para cuidarlos. Y lo que pasó es que mi madre estaba bastante asustada con la pandemia, y entonces fui yo quien salía cada día a hacer las compras. Esto me ayudó también a superarme; fue un reto más que me puso a prueba».

¿Has explicado a tu entorno que tienes este trastorno de salud mental? ¿Cuál ha sido su reacción?

«Yo se lo cuento a las personas que creo que deben saberlo, a mis amigos más íntimos, pero no a todo el mundo. Su reacción es muy buena y han estado a mi lado en todo momento. Y en el ámbito laboral, sí les he comentado que he estado en tratamiento y que estoy haciendo un seguimiento, y me facilitan que pueda asistir a las sesiones de seguimiento que tengo cada mes y medio. Aunque en mi caso no he visto ningún comportamiento extraño cuando lo he comentado, soy consciente que existe un tabú increíble sobre las enfermedades mentales en general. Sólo hay que ver como tratan el tema los medios de comunicación y como, por ejemplo, no se explican nunca las causas de los suicidios».

¿Y ahora cómo es tu vida? ¿Te sientes recuperado?

«Ahora estoy mejor que antes: más tranquilo, sin bucles de pensamiento, más sereno, duermo mejor… A veces pienso que me ha ido bien en mi vida tener este brote, con todo lo que he pasado, pero es que me ha servido para encarrilar mi vida mejor que antes: trabajo en una empresa de ingeniería eléctrica, que es lo que estudié y a lo que en realidad quería dedicarme; practico CrossFit, bailo salsa, salgo en bici y tengo una vida social activa.  Cuando me pasó todo esto me preguntaba si podría ser la misma persona que antes, pero la verdad es que ahora me siento mucho mejor que antes.

Lo más importante es la medicación, que aún sigo tomando, y luego el esfuerzo personal para recuperarse: seguir las pautas, trabajar la mente, no querer estar parado…Una vida activa te hace avanzar. La verdad es que he tenido una actitud muy activa, y creo que esto es importante».

Cuando me pasó todo esto me preguntaba si podría ser la misma persona que antes, pero la verdad es que ahora me siento mucho mejor que antes.

¿Qué le puedes decir a alguien que se encuentre en una situación parecida y que pueda ver lejos esta recuperación?

«Es difícil que una persona que tiene un brote de psicosis acepte lo que le está pasando. Tu mente está convencida de que todo lo que te pasa es real, y por eso es muy complicado que tu solo pidas ayuda. Yo me dejé acompañar porque me fié de mi familia, y creo que es importante confiar en las personas que tienes alrededor y pensar que los profesionales están para ayudarte. Y también necesitas tener mucha paciencia, porque es un proceso largo, y debes esforzarte constantemente. Yo ahora me siento feliz y mucho más a gusto en todos los pilares de mi vida».

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 2 de Diciembre de 2021
Última modificación: 9 de Diciembre de 2021

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David Millana (36 años) tuvo un brote psicótico hace un par de años, que le llevó a estar ingresado más de un mes y medio. El proceso de recuperación ha sido lento y ha requerido mucho trabajo personal. Un trayecto que le ha llevado a tomar las riendas de su vida en todos los ámbitos y a hacer algunos cambios para sentirse mejor que antes.  

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