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El abordaje social en adolescentes con un primer episodio psicótico

Cómo acompañar a la persona atendida y a su entorno en cada momento
Agustí Bonifacio

Agustí Bonifacio Guillén

Trabajador social especializado en salud mental infantojuvenil. Unidad de Identidad de género
Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
Grup d'habilitats socials

Resumen

El manejo de adolescentes con primer episodio psicótico requiere de una intervención interdisciplinaria e individualizada, incluyendo el abordaje social para fomentar autonomía, socialización y reducir comportamientos de riesgo. La intervención social comienza desde la confirmación del diagnóstico y se enfoca en la adaptación familiar y comunitaria, valorando necesidades personales y ambientales. Se trabaja en la reintegración del joven en la comunidad, incluyendo educación y actividades prelaborales, así como el manejo de la estigmatización y la derivación a servicios para adultos cuando sea necesario. Se enfatiza la importancia de redes de apoyo y trabajo coordinado con servicios sociales para prevenir aislamientos y promover la recuperación funcional. El abordaje debe involucrar tanto al adolescente como a su entorno, evitando siempre la dependencia y promoviendo la autonomía.
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Si bien el porcentaje de personas que son atendidas en la red de salud mental infantojuvenil con diagnóstico de psicosis no es tan elevado respecto a otros trastornos, la importancia de un buen manejo del tratamiento farmacológico y psicológico y el impacto del trastorno en la persona y el entorno cercano hacen que sea imprescindible una intervención interdisciplinaria desde la primera detección, con la inclusión de un abordaje desde trabajo social.

El objetivo del abordaje social debe ser siempre promover la autonomía y la socialización de la persona atendida, así como disminuir las conductas de riesgo y los reingresos. El acompañamiento y la atención social a los adolescentes con este diagnóstico y a su entorno puede darse en cualquier momento del proceso: urgencias, hospitalización de agudos, hospital de día o consultas ambulatorias. Sin embargo, a menudo esta intervención se inicia en la planta de agudos.

Ante la confirmación de un cuadro psicótico, es necesario valorar las capacidades y el estado de la familia o del entorno (en caso de personas tuteladas por la Administración), teniendo presente que implicará un tratamiento de media o larga duración, la necesidad de cuidar los hábitos más importantes (horarios estructurados, la toma de medicación, horas de sueño y evitar el consumo de tóxicos, entre otros) y posibles adaptaciones de las actividades de la vida diaria. 

En un primer momento, lo más importante es ofrecer confort a la familia y acompañarla en la asimilación de la situación, la comprensión del diagnóstico y el posible duelo.

Para calibrar las capacidades de comprensión familiar y para ofrecer confort y pautas para el manejo posterior se pueden hacer entrevistas conjuntas con otros profesionales, como del servicio de enfermería u otros servicios. Hay que tener presente siempre el tiempo necesario de cada persona y familia (o del centro residencial de acción educativa, en el caso de menores tutelados) para la elaboración de la información. Si es necesario, también se puede solicitar la intervención de mediación intercultural.

Volver a la comunidad después de un episodio psicótico

En la mayoría de situaciones, el paso por el hospital de día permite hacer un seguimiento del retorno de la persona a la comunidad y favorecer una recuperación gradual de hábitos —también escolares—, para evitar tendencias al aislamiento cuando estén presentes los síntomas negativos. Desde trabajo social se puede colaborar en la búsqueda de los dispositivos sociosanitarios más indicados en cada caso y se abordan las posibles dificultades que pueda tener la persona para acceder a ellos: buscar los transportes más adecuados, definir la figura del acompañante, paliar gastos económicos extraordinarios, etc.

En algunas situaciones, los jóvenes pueden explicarnos que sienten vergüenza de las conductas delirantes que hayan podido tener ante las amistades o compañeros y compañeras de la escuela antes del ingreso. Si es así, es necesario abordarlo y trabajar las habilidades sociales y las estrategias de afrontamiento y resolución antes de regresar al instituto o a la escuela. En otras ocasiones, la recuperación de actividades formativas o laborales puede verse alterada por la vivencia de alteraciones de las capacidades de memoria, comprensión, ralentización o rendimiento. Si se detecta, desde trabajo social, conjuntamente con el profesorado del aula hospitalaria y los equipos técnicos de enseñanza y ocupación del territorio, se puede plantear un abordaje y adaptación específicos en cada caso.

Adolescentes saliendo del instituto

Cómo acompañar a los alumnos con trastorno psicótico

Cuando el adolescente haya tomado conciencia suficiente, es importante trabajar de forma directa la recuperación de un proyecto vital saludable inmediato:

  • Recuperación de amistades.
  • Reducción de conductas de riesgo (tóxicos, especialmente) y mantenimiento de tratamiento farmacológico.
  • Vinculación a recursos ocupacionales que fomenten bienestar.
    • Ocio y deporte (ordinario o adaptado)
    • Voluntariado (en algunos casos y momentos)
    • Enseñanza (IES, PFI, Ciclos, Segundas Oportunidades, ordinarios con adaptación o recursos adaptados, etc.)
    • Prelaboral o laboral (tanto normalizado como adaptado)

El regreso a la comunidad, una vez superado el momento agudo, puede comportar una tendencia al aislamiento, o una bajada de guardia y consumo de tóxicos. Por eso, es habitual que algunas familias, con el fin de disponer de mayor apoyo y disponibilidad, planteen la posibilidad de obtener un certificado de discapacidad o un subsidio para el cuidado de menores con enfermedades graves (CUME). En este caso, es necesario abordar el tema de manera muy personalizada e individualizada, implicando siempre a la persona afectada y recordando que se trata de un certificado íntimo y revisable. Además, es necesario recordar al joven y a su entorno que el objetivo siempre es la recuperación funcional (que se produce en la mayoría de situaciones). Lo mismo puede aplicarse a la Ley de la Dependencia.

Ariadna Creus y Àngel García. Banc d'Imatges Infermeres.

Si tienes que cuidar a tu hijo puedes pedir una reducción de jornada remunerada

Para el manejo familiar, se pueden realizar entrevistas individuales, familiares y grupales, así como ponerlos en contacto con «famílias expertas» que han gestionado con éxito una situación similar, y que podemos encontrar en las asociaciones de familiares de personas con trastornos mentales. En caso de recaída, es necesario plantear siempre que no es un fracaso sino un episodio posible dentro de la recuperación funcional y el proceso de toma de conciencia.

Trabajar las habilidades sociales en grupo

Una vez superado el momento más agudo de la enfermedad, y cuando la persona y su entorno han tomado conciencia del diagnóstico, se pueden llevar a cabo grupos de habilidades sociales. Estos grupos son una herramienta útil para abordar aspectos cotidianos y pueden ser conducidos con el apoyo de los equipos docentes del aula hospitalaria, de enfermería, de psicología o de psiquiatría.

Si bien con las familias el formato puede ser más estandarizado, con soportes visuales, dudas y debates, con los adolescentes la respuesta suele ser mejor a través de rol play o de la participación de una persona con experiencia propia en salud mental.

Algunos de los temas que suelen plantear las familias en las sesiones grupales son:

  • Qué es propio del tratorno y qué de la adolescencia.
  • Cómo activar el adolescente para que salga.
  • Cómo evitar que consuma tóxicos.
  • Cómo no convertirse en policía o sirviente.
  • Salidas formativas.
  • Salidas ocupacionales.
  • La CUME, la dependencia, la discapacidad.
  • Cómo hacer que tome el tratamiento de forma adecuada.
  • La descarga de la persona cuidadora principal y la recuperación de actividades previas.

Algunos de los temas que suelen plantear los jóvenes son:

  • El regreso a la escuela o al instituto.
  • El miedo a quedarse descolgado.
  • El miedo a juntarse con iguales.
  • Qué pasa si tu pareja o las amistades te ven tomando medicación.
  • El estigma.
  • Salir de fiesta y modificar hábitos.

Paso a la red de adultos

En cuanto a la derivación a la red de adultos, en el caso de Cataluña, para los adolescentes que no están vinculados en un Centro de Salud Mental Infantojuvenil (CSMIJ) se trabaja directamente con ellos la derivación en el Centro de Salud Mental de Adultos (CSMA), donde existen programas específicos de atención a los episodios psicóticos. En función de la zona y del perfil, también pueden derivarse a programas o equipos de atención itinerantes individualizados. Antes del alta, por tanto, es fundamental trabajar específicamente la autonomía del adolescente y cuál debe ser el papel de la familia en todo el proceso. Elaborar un informe interdisciplinario y descriptivo específico es muy útil para el equipo receptor.

Antes del alta, por tanto, es fundamental trabajar específicamente la autonomía del adolescente y cuál debe ser el papel de la familia en todo el proceso.

En aquellas situaciones susceptibles de riesgo por baja conciencia o conductas de no colaboración, se interviene de forma coordinada con trabajo social del CSMA y profesionales de los Servicios Sociales de Atención Primaria (SSAP), que a menudo ya realizan un acompañamiento en el plan ocupacional. En situaciones más complejas, se puede realizar un trabajo conjunto con Justicia Juvenil (en situaciones de libertad vigilada, por ejemplo).

Es importante ofrecer a las familias vincularse a una asociación de familiares, respetando, sin embargo , sus tempos y voluntades.

transición joven adulto

Y a los 18, ¿qué?

Como conclusiones podríamos decir que:

  • El abordaje interdisciplinario, y en concreto el de trabajo social, puede incidir positivamente en la comprensión y el manejo del diagnóstico de un trastorno psicótico.
  • En cualquier momento del trastorno es posible trabajar la autonomía del adolescente y de su entorno.
  • En cada situación debe elaborarse un plan individualizado, implicando a la persona atendida, su entorno y los recursos comunitarios, tanto si se trata de personas menores de edad como de personas adultas.
  • Es fundamental evitar los aislamientos y promover las redes de apoyo.