Yolanda Osorio López, psiquiatra. coordinadora del Programa SATMI (Programa de atención en Salud Mental para població immigrada) y del programa ESMES (Equipos de Salud Mental a las Personas Sin Hogar) del Parc Sanitari Sant Joan de Déu

«La mirada transcultural es necesaria en la atención a la salud mental»

Mònica Fidelis Pérez de Tudela
Mònica Fidelis Pérez de Tudela
Periodista. Project Manager
SOM Salud Mental 360
Yolanda Osorio

¿Qué significa aplicar una perspectiva transcultural en la atención a la salud mental?

«Cuando hablamos de mirada transcultural nos referimos a que cuando atendemos a personas de otras culturas, culturas alejadas de la nuestra, tenemos que tener en cuenta que la manera de percibir el mundo, las creencias, los valores, los rituales e incluso el propio concepto de lo que significa la salud o la enfermedad, puede variar. La mayoría de los profesionales que atendemos en el ámbito de la salud mental, en nuestro país, procedemos de una cultura occidental, de tradición judeocristiana, con unos valores concretos que pueden ser totalmente diferentes de la persona que tenemos delante.

Normalmente ni nos planteamos qué aspectos de nuestros pensamientos, creencias, maneras de hacer, están mediatizados por nuestra propia cultura, no somos conscientes.

Una de las riquezas de trabajar con personas de otras culturas, es que te obliga a abrir la mente, a mirar en tu propia identidad cultural y ver cómo gestionas el hecho de que la persona a la que atiendes tiene una vivencia diferente.

En ese diálogo que establecemos con las personas de otras culturas, tenemos que construir entre los dos, explorar, negociar y no dar por sentado las cosas. Se trata de aplicar esta mirada abierta para, desde el respeto, encontrar la mejor solución a la situación que estemos gestionando sin intentar imponer soluciones que estén pensadas para una población de tradición occidental».

¿Qué peso tiene la cultura de la persona en el proceso de atención?

«Yo creo que es importante en todos los niveles de la atención a la salud. Por ejemplo, si estamos atendiendo a una persona musulmana con diabetes y sabemos que va a hacer el Ramadán, ya sabemos que probablemente durante el ayuno no va a tomar la medicación. Es cuestión de tener esa sensibilidad. En nuestro caso, en la atención a la salud mental, es especialmente importante porque el diagnóstico se basa en la palabra. La narrativa del malestar que expresa la persona está muy mediada por aspectos culturales. Por ejemplo, hay culturas que focalizan más en el cuerpo, el malestar lo expresan más con quejas somáticas y no tanto con expresiones psicologizadas, como sucede en los países occidentales.

Y lo mismo nos pasa en el momento de pensar en el tratamiento y en la aceptación del mismo. Si estamos delante de una persona que cree que una enfermedad deriva de un mal de ojo o de una brujería, puede no entender un tratamiento basado en medicinas. Normalmente sucede que estas personas entienden perfectamente que vienen a un hospital occidental y el peso de las medicinas en el tratamiento, igualmente debes incorporar esta variable para validar su causalidad y respetar. Aquí es una negociación entre respetar sus creencias y ofrecer una solución desde nuestro enfoque como médicos.

Hay un tema especialmente interesante también que es el concepto del tiempo, que es cultural. En occidente tenemos un concepto del tiempo lineal (pasado, presente, futuro), mientras que otras culturas tienen un concepto del tiempo cíclico o circular. Esto tiene incidencia en cuestiones como la prevención. Para muchas culturas la enfermedad se entiende como el aquí y ahora. No comprenden por qué deben tomar una medicación durante meses si ahora están bien».

¿Hasta qué punto está implantada esta mirada transcultural en los equipos de atención en salud mental y en la atención comunitaria? 

«En el SATMI estamos trabajando con esta mirada desde el año 1997, probablemente somos de los primeros servicios de salud mental con esta orientación. Creo que se ha avanzado, de hecho, se ha realizado un plan nacional de formación sobre competencia cultural a nivel de atención primaria y centros especializados. Existe esta sensibilidad profesional sobre la necesidad de conocer estas cuestiones, que pueden ser indispensables dependiendo de la zona de la ciudad en el que se trabaje. Bien es cierto que, aunque llevamos años con el fenómeno migratorio, estamos lejos de países como el Reino Unido, Francia, Estados Unidos o Canadá, con mucha más experiencia en este campo. Estos países son referentes en investigación y programas, destacando Canadá, que es un ejemplo de sociedad multicultural donde se han hecho estrategias políticas inclusivas orientadas a luchar también contra el estigma».

¿Cómo se forma el profesional en competencia cultural?

«En el caso de la carrera de medicina, que es el que conozco, no se aborda el tema de la diversidad cultural, al menos en mi época y me consta que ahora tampoco. No se estudian asignaturas como la antropología y, probablemente, esto ya es una carencia de base. Al final, el profesional que se forma en estas competencias culturales es por interés propio, no es algo reglado».

¿Qué prevalencia de problemas de salud mental tiene la población migrada?

«En estos 25 años que llevamos de trayectoria, el perfil de persona que atendemos ha cambiado mucho. Al inicio, el perfil más común era el de un hombre magrebí que venía solo, con perspectiva de inserción laboral y que, con el tiempo, hacía reagrupación familiar. Ahora hemos pasado a una migración mucho más diversa en cuanto a países de origen, donde predominan las personas que hacen solicitud de asilo y con unas condiciones socioeconómicas que han ido empeorando.

El sufrimiento mental puede desarrollarse por diferentes factores:

  • Factores premigratorios, que ya tenían en su país de origen: exposición a violencia, guerra, precariedad, etc.
  • Situaciones sufridas durante el viaje migratorio: traumas vinculados a las condiciones del viaje, a la muerte, a la trata de personas, por ejemplo.
  • Factores postmigratorios: acceso a la documentación necesaria para residir y trabajar, aislamiento, dificultades con el idioma, precariedad y sinhogarismo.

Aunque seas una persona con recursos personales, todos estos factores acaban quebrando la salud mental de cualquiera. Habitualmente nos encontramos con trastornos adaptativos, trastornos de estrés postraumático o psicosis.

Sobre los aspectos premigratorios y todo lo que envuelve al viaje, es difícil actuar si no es en un clave supranacional, pero en las condiciones en las que recibimos a estas personas sí se puede trabajar mejor. Por ejemplo, los menores migrantes tutelados por la Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència (DGAIA), cuando llegaban a los 18 años tenían permiso de residencia, pero no permiso de trabajo. Esto ha cambiado en la última reforma de la Ley de Extranjería. Esta mejora, nosotros ya lo hemos percibido en nuestros usuarios, vienen más relajados y contentos ante la perspectiva de tener la posibilidad de trabajar.

Está claro que las herramientas para cambiar la situación no son solo del ámbito de la salud, sino que implica aspectos legales, sociales, económicos… ».
 

¿Cómo es el perfil de las personas que atendéis en SATMI?

«La mayoría de las personas que atendemos en SATMI tienen en común una situación socioeconómica vulnerable. Un porcentaje alto son personas que no tienen documentación, que están en condiciones de alojamiento inestable en centros, albergues o en calle, que no tienen familia, que no tiene posibilidad de trabajar, viajar, etc.

También atendemos personas migradas en las que la barrera idiomática impide un adecuado abordaje. Disponemos de traductores de diferentes idiomas, herramienta imprescindible para realizar nuestro trabajo

Trabajamos especialmente con colectivos que están en situación de especial vulnerabilidad:

  • Menores tutelados por la DGAIA y que, por tanto, tienen alojamiento y acceso al sistema educativo, pero que frecuentemente necesitan intervención psicológica/psiquiátrica para abordar temas como las expectativas no cumplidas o el consumo de tóxicos
  • Mujeres migradas víctimas de violencia machista o trata de personas. En estos casos se trabaja todo el proceso traumático y cuestiones como la pérdida de roles que tenía asumidos; como esposa, como madre... Estas mujeres necesitan su tiempo para hacer un proceso de adaptación; aprender el idioma, trabajar un tipo de vida que no es la que esperaban.
  • Personas solicitantes de asilo. Abordamos la sintomatología manifiesta tras la exposición a situaciones traumáticas, a menudo mantenidas en el tiempo.
  • Personas migradas que viven en la calle o en condiciones muy precarias y que no tienen acceso a la red de salud mental habitual (falta de tarjeta sanitaria, derivados de Cruz Roja). En estos casos especialmente, el abordaje es global; atendemos prioridades como el que estas personas tengan unas condiciones de vida mínimas (acceso a alojamiento, a comedores sociales) y, a partir de ahí vamos abordando el resto de problemas».

¿Cuál es el gran reto que tenéis por delante?

«Retos hay muchos. Tenemos aspectos que como sociedad debemos mejorar, como el racismo social que persiste y que está lleno de prejuicios hacia las personas migradas. Si a ese estigma de la persona migrada le sumamos un problema de salud mental, aún es más complejo.

Diría que es necesario hacer una apuesta clara, un compromiso como país, para desarrollar estrategias que permitan acoger a estas personas con recursos eficientes y que, a nivel de gestión política, se entienda la necesidad de trabajar en una misma dirección cuando tratamos de problemas que afectan de forma transversal».

Fotografía de Pol Rius.

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 21 de Febrero de 2022
Última modificación: 24 de Febrero de 2022

En el abordaje a la salud mental, la mirada de 360º es indispensable para comprender todo aquello que rodea a la persona. Cuando hablamos de personas migradas, debemos sumar la mirada transcultural que puede tener un componente clave en la comprensión de síntomas o en la adhesión a los tratamientos. Yolanda Osorio, coordinadora del Programa SATMI (Programa de atención en Salud Mental para població immigrada) y del programa ESMES (Equipos de Salud Mental a las Personas Sin Hogar) del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, lleva 25 años poniendo esta mirada transcultural en el servicio: empieza por «replantearte tu propia cultura y valores».