José
Padre de una chica con esquizofrenia

«¿Qué me pasa, papá? No puedo parar esta rabia»

Quiero que este escrito sirva para intentar explicar cómo la aparición del trastorno psicótico de mi hija Sara ha afectado y cambiado la vida en nuestro entorno familiar.

Hace siete años notamos en nuestra hija problemas de conducta con episodios violentos y de ira, acompañados de problemas en los estudios y en las relaciones con sus compañeros de clase. Veíamos que algo no iba bien y empezó un periplo de logopedas y psicólogos. Rápidamente, descartaron dislexia o un TDAH, pero nuestra hija tenía cada vez un comportamiento más violento e irracional. Recuerdo una tarde, al regresar a casa del trabajo, encontrarla sentada en su cama con una voz muy temblorosa y, entre lágrimas, decirme: «¿Qué me pasa papá?, no puedo parar esta rabia». Ese fue el comentario detonante definitivo para ponernos en manos del equipo médico de Itaka, la Unidad de hospitalización psiquiátrica del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona.

Nunca olvidaré el día que nos sentamos en la consulta con la doctora que trataba a Sara y nos dijo que padecía psicosis y que estaba en brote; era urgente ingresarla. Ni qué decir tengo que, hasta ese día, era muy grande el desconocimiento que teníamos de los trastornos de salud mental, el desconcierto y la incertidumbre. Sara fue ingresada de inmediato y empezó el tratamiento con su medicación. Recuerdo con mucho cariño a esos papás y mamás que nos encontrábamos en la sala de espera todas las tardes para poder visitar a nuestros hijos. Sorprendía ver que éramos muchos los que teníamos a nuestros hijos ingresados… Y es que puede pasarle a cualquiera.

Nunca olvidaré el día que nos sentamos en la consulta con la doctora que trataba a Sara y nos dijo que padecía psicosis y que estaba en brote; era urgente ingresarla.

Durante estos años ha habido más ingresos, hemos ido informándonos sobre el trastorno de nuestra hija, adecuando nuestra vida para poder ayudarla, porque este trastorno no solo ataca a la persona afectada, sino que también hace daño a los que estamos a su alrededor, y debemos protegerla y protegernos con el arma más poderosa que tenemos los seres humanos, que es el amor por nuestros hijos, la paciencia y la comprensión. Debemos recordar que cuando, en sus peores momentos, chillen, insulten y pataleen no son nuestros hijos los que tenemos delante, sino el trastorno que los tiene atrapados en su tela de araña y luchan por salir y vencerla.

Queda mucho por hacer en esta sociedad que nos ha tocado vivir, mucha intolerancia por desconocimiento que tenemos que asumir, mucha conciencia social de lo que significa tener un hijo o hija con un trastorno mental, mucha investigación para mejorar los fármacos que son necesarios, como en todas las enfermedades, para mejorar su calidad de vida…. Pero estoy seguro que, con la calidad humana de nuestros equipos médicos, que son personas excepcionales, y con el amor incondicional de su familia, mi hija Sara podrá vivir una vida plena de cosas bonitas.

Debemos recordar que cuando, en sus peores momentos, chillen, insulten y pataleen no son nuestros hijos los que tenemos delante sino el trastorno que los tiene atrapados en su tela de araña

Quiero que estas palabras sirvan a modo de agradecimiento a todas aquellas personas que han ayudado a mi hija a lo largo de la vida, incluso a las que lo han intentado y no han podido; a mi mujer Ana, por el apoyo que nos brinda; a Núria, por su tolerancia y empatía; y a la persona más importante en mi vida, mi hija Sara, porque me siento muy orgulloso como padre de ella, de su lucha y fuerza para afrontar la vida que le ha tocado vivir.

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 14 de Junio de 2022
Última modificación: 12 de Septiembre de 2022
Trastornos